jueves, 12 de septiembre de 2013

Somos verano

La luna quema nuestra piel arrugada por la sal y de pronto nos encontramos solos. Tú, yo y la playa olvidada. Siempre creí que al atardecer ésta se levantaba, tomaba su sol y sus palmeras y se marchaba, como todos, a embadurnarse de crema. Pero aquí está, como un voyeur natural que expira salitre con cada movimiento, grabando nuestro encuentro en el espejo del agua, musicalizándolo con gemidos de gaviotas exhaustas de sol.

Las conchas nos raspan la piel mientras las hormigas exploran el enredo de toallas y bañadores exiliados. El vaivén del mar nos arrulla y olvidamos por un instante que la sábana que nos cubre está hecha de estrellas. Somos verano, cangrejos en guerra, la miel de los dátiles y la flor de la uva de playa, somos arena un momento y al otro somos agua.


Nos descubrimos tiernos más tarde en la marea baja, con la espuma amodorrada en la cintura. Mojamos el cuerpo, enjuagamos los besos, acariciamos la frente de la playa dormida y arropamos su recuerdo con fogata de despedida.

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